Cierto
día una hormiga se dispuso hablar con el elefante que atropellaba
todo a su paso, pero como era tan pequeñita, era invisible para el
elefante, entonces; buscó a la mosca para empezar hacer la escala y
así llegar hasta el elefante.
al
encuentro con la mosca, la hormiga le contó su plan, la mosca ignorando a la
hormiga y sin importar el mensaje, prefirió seguir volando sobre la mierda.
La hormiga un poco apenada
por la actitud de la mosca, quedó triste sin saber que hacer, mientras
tanto, pasaba un escarabajo rodando su bola.
Buenos
días señor escarabajo dijo la hormiga:
el
artrópodo mirando a la hormiga y abriendo sus alas como un gesto de
saludo, miró y se detuvo algunos
instantes.
que hace
por aquí señora laboriosa dijo el escarabajo, entonces; la hormiga
le pidió ayuda para poder hablar con el elefante, ya que ella era
invisible para tan grande animal.
El escarabajo también se negó y dijo:
no
porque debo terminar de rodar el estiércol.
La hormiga siguió buscando ayuda con otros
insectos y artrópodos hasta que encontró a la abeja.
la abeja
aceptó por fin transportar a la hormiga y así llegaron al elefante.
La hormiga le dijo al elefante; vengo a
pedirte respeto, porque cada vez que caminas nos atropellas y mis compañeras
están muriendo.
el
elefante insolente le contestó. Pero qué
atrevida hormiga, como si me importara, se dijo:
No
puede acceder a tu pedido, y siguió su camino.
La indignación y e impotencia cundió por unos instantes a las
visitantes, de pronto la abeja dijo.
Tengo
una idea, dijo la abeja; hablaremos con todos los insectos y artrópodos para
defendernos del elefante, pero no todos estaban dispuestos ayudar.
La mosca
prefiero la mierda y toda la podredumbre, el escarabajo no quería dejar
su trabajo de hacer bolas con el estiércol, y así cada quien
defendía sus obligaciones.
La hormiga sin dar marcha atrás buscó todas las maneras de hacer respetar
su espacio y la vida en su colonia, por su parte la abeja tenía que seguir su
trabajo de polinización.
entonces
la hormiga tuvo una idea, en lugar de entrar en los árboles y cortar hojas les dijo, subiremos al
elefante todas, y las abejas aturdirán
los oídos del elefante.
Cuando las hormigas cundieron al cuerpo elefante, este no podía
defenderse, ni avanzar al lodo porque las mordeduras eran muy dolorosas y las
abejas rondaban su cabeza.
El
elefante barritó, y las hormigas seguían haciendo su trabajo, comprendiendo
así el gigante animal que, por más insignificante y pequeña que sea la
hormiga, no hay que menospreciar ni ignorar su valor.
Las
hormigas al oír el grito de dolor del elefante dijeron, si nos respetas y no nos atropellas, seguirás
viviendo, es necesario que consideres nuestro trabajo.
Por fin
se acabó el problema, el elefante aceptó y ambos sellaron el pacto del respeto.
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