Mamá está presente
Es una mañana de verano, el camino y la
pista aún está mojada de la lluvia de la noche, el cielo despejado,
mientras el camino atestigua el vaivén de la vida entre
nosotras, la lluvia de la noche parece que retornara tan pronto, mientras
caminamos ligeramente en silencio esperando encontrar el bus que nos
alejaría.
después de madrugar, mamá seguramente no descanso bien con el afán de
atender de preparar el desayuno del último día del año que lo acompañaría.
Sin la más mínima imaginación del mundo perverso que había
afuera y que nos arrebata nuestro hogar, empezaba mi viaje llena de
ilusiones en busca de mis sueños.
emprendí mi itinerario, mis hermanas niñas aun y yo apenas
adolescentes, iba camino al éxodo del sueño arrebatado, dejando atrás el
hogar cálido y protegido, para buscar otras formas de vida según la percepción de mejores
condiciones o estudiar, una realidad ajena a mi percepción.
Despreciando quizás la luna llena y el cielo lleno de estrellas,
comienza el éxodo, mamá en su tenue voz me pedía que
me quedara proponiéndole ideas que me parecían sin salida,
sin sentido.
El diálogo por la noche en las cosechas de maíz, con
mamá y papá acompañada de la luna llena en cada
cosecha, va quedando atrás, los cuentos que solíamos escuchar
con mensajes profundos para la orientación de la vida
y para formar los valores de la época, hoy son los
pilares que me guían.
esos cuentos que papá nos contaba, era grandioso, y sin saber habían cimentado
el gusto y amor por la vida la lectura en mí, nuestra conciencia llena de sabiduría
y amor por lo justo.
El camino es largo, el ruido del río es amenazador,
mientras dura el camino hasta llegar.
Después de casi dos horas de camino y de esperar un poco, el ruido del ómnibus empieza
aparecer, levanto la mano, mientras miro alrededor veo el rostro de mamá,
entristecida, una lágrima corre por su mejilla intentando adivinar quizás con su imaginación el
lugar, como deseando ser una ave para acompañarnos en la
distancia.
me precipito a cargar los atavíos, indolente e
incapaz de imaginar su profundo dolor, su
pensamiento. El ómnibus, se detiene, el alboroto comienza, mamá sentada en la vereda, se levanta, me abraza, me da la bendición,
y sus lágrimas corren por su rostro, seguramente la mañana se desvanecía para
ella, quizás no comía ...
Mientras el bus se iba alejando de ella, yo marchaba tras un
sueño, lágrimas serian la única manera que le
permiten aliviar la opresión de su corazón la pena de ver que
nos alejábamos. Pasan los minutos, la emoción insolente me
acompaña sin tener el sabio entendimiento del dolor de mama, mi padre quizás esconde
su emoción.
no imagine jamás cuál sería su soledad ella solo nos tenía a
nosotras, su angustia de madre no podía verlo, no podía imaginar el dolor
de que su familia se dispersaba, como cuando los polluelos de las aves
abandonaran el nido antes de aparecerle las plumas de las alas, dejaba atrás la
pobreza en mi tonta ilusión, sin ni siquiera imaginar que me podía esperar,
mi ilusión y mi corta edad, no me permitía abordar
un pensamiento concreto, creía encontrar el cambio que no se
repitiera la pobreza, dejando atrás el campo, el camino
polvoriento, y las flores moradas y lilas de octubre, olvidando que mi madre me
necesitaba tantas veces en esos momentos difíciles de
violencia que solía ocurrir. sin conocer que la vida es demasiado
corta.
el bus avanza y al acercarme a la ventana mi madre sigue triste,
llorando y la distancia se apodera de ambas, pasan los meses, y jamás
vuelve lo mismo, excepto la pobreza constante y la ignorancia que aún me mantenía.
Después de tantos años mama sigue con la misma espera, con sus
mismas oraciones, más mi ingratitud del desarrollo no me dejan
percibir su angustia.
mama tiene más años con su amor intachable, la condiciones de
vida indigna sin merecerlo eran siempre la compañía inseparable

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