jueves, 26 de mayo de 2016

mama y yo


Mamá está presente
Es una mañana  de verano, el camino y la pista aún está  mojada de la lluvia de la noche, el cielo despejado, mientras el camino atestigua el vaivén de la vida entre nosotras, la lluvia de la noche  parece que retornara tan pronto, mientras  caminamos ligeramente en silencio esperando encontrar el bus que nos alejaría.
después de madrugar, mamá seguramente no descanso bien con el afán de atender de preparar el desayuno del último día del año que lo acompañaría.
 Sin la más mínima imaginación del mundo perverso que había afuera  y que nos arrebata nuestro hogar, empezaba mi viaje llena de ilusiones en busca de mis sueños.
emprendí mi itinerario, mis hermanas niñas aun  y yo apenas  adolescentes, iba camino al éxodo del sueño arrebatado, dejando atrás el hogar cálido y protegido,  para buscar otras formas de vida según  la percepción de  mejores condiciones o estudiar, una realidad ajena a mi percepción.
Despreciando quizás la luna llena y el cielo lleno de estrellas, comienza  el éxodo,  mam
á   en su tenue voz  me pedía que me quedara  proponiéndole ideas que me parecían sin salida, sin sentido.

  El diálogo  por la noche en las cosechas de maíz, con  mamá  y papá  acompañada de la luna llena en cada cosecha, va quedando atrás,  los cuentos que solíamos escuchar con  mensajes profundos para la orientación de la vida  y para formar los valores de la época,   hoy son los pilares que me guían.
esos cuentos que  papá nos contaba, era grandioso,  y sin saber habían cimentado el gusto y amor por la vida la lectura en mí, nuestra conciencia  llena de sabiduría y amor por lo justo.
El  camino es largo,  el ruido del río  es amenazador,  mientras 
dura el camino  hasta llegar. 

Después de casi dos horas de camino y de  esperar un poco, el ruido del ómnibus empieza aparecer, levanto la mano, mientras miro alrededor  veo el rostro de mamá, entristecida, una lágrima corre por su mejilla  intentando adivinar quizás con su  imaginación  el lugar, como deseando  ser una ave para acompañarnos en la distancia.
 me precipito  a  cargar los atavíos, indolente e  incapaz de  imaginar su  profundo dolor,  su pensamiento.  El ómnibus, se detiene, el alboroto comienza, mamá sentada  en la vereda, se levanta,  me abraza, me da la bendición, y  sus lágrimas corren por su rostro, seguramente la mañana se desvanecía para ella, quizás no comía ...
    Mientras el bus se iba alejando de ella, yo marchaba tras un sueño,  lágrimas serian la única manera que le permiten aliviar la opresión de su corazón la pena de ver que nos alejábamos. Pasan los minutos, la emoción insolente me acompaña sin tener el sabio entendimiento del dolor de mama, mi padre quizás esconde su emoción.
  no imagine jamás cuál sería su soledad ella solo nos tenía a nosotras, su angustia de madre no podía verlo, no podía imaginar  el dolor de que su familia se dispersaba, como cuando los polluelos de las aves abandonaran el nido antes de aparecerle las plumas de las alas, dejaba atrás la pobreza en mi tonta  ilusión, sin ni siquiera imaginar que me podía esperar, mi ilusión  y mi corta edad,  no me permitía abordar un pensamiento concreto,  creía encontrar el cambio que no se repitiera la pobreza,  dejando atrás el campo, el camino polvoriento, y las flores moradas y lilas de octubre, olvidando que mi madre me necesitaba  tantas veces en esos momentos difíciles  de violencia que solía ocurrir. sin conocer que la vida es demasiado corta.
el bus avanza  y al acercarme a la ventana mi madre sigue  triste, llorando  y la distancia se apodera de ambas, pasan los meses, y jamás  vuelve lo mismo, excepto la pobreza constante y la ignorancia que aún me mantenía.
Después de  tantos años mama sigue con la misma espera, con sus mismas oraciones, más mi ingratitud del desarrollo no me dejan percibir su angustia.
mama tiene más años con su amor intachable,  la condiciones  de vida  indigna  sin merecerlo eran siempre la compañía inseparable






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